
El sentimiento de ira, como todas las emociones, no está aislado en tu mente. De hecho, esta acción mental, como todas las demás, desencadena una cascada de reacciones físicas que se extienden por todo tu cuerpo.
Dichas reacciones son bastante numerosas, y entre otras incluyen:
Aumentos en la frecuencia cardíaca, tensión arterial y testosterona
Disminuye el cortisol (la hormona del estrés)
Estimulación de tu hemisferio izquierdo cerebral, que participa en la experimentación de emociones relacionadas con la cercanía de otras personas
Curiosamente, el último hallazgo, descubierto por investigadores de la Universidad de Valencia, sugiere que aunque la ira es percibida como una emoción negativa, en realidad te pide a acercarte más al objeto de tu ira, probablemente como medio para detener el conflicto. Y cuando se trata de la ira, resolver el malestar es una decisión muy sabia.
La ira es una emoción normal, que todos experimentamos de vez en cuando. Es un sentimiento que evoca el conocido mecanismo de “lucha o huida”, preparándonos para defendernos física y psicológicamente en un conflicto.
Antes, cuando la ira se debía a amenazas reales que ponían la vida en riesgo (por ejemplo, la presencia de un animal salvaje a punto de atacarte) , esta respuesta podría salvar vidas, pero hoy en día ocasiona que tu cuerpo se acelere de una forma que casi siempre es innecesaria.
En cuanto te empiezas a sentir “caliente”, tu cuerpo comienza a prepararse para una pelea. Tus músculos se tensan, los procesos digestivos se detienen y ciertos centros cerebrales se activan, lo que altera la química de tu cerebro.
El sentimiento de ira realmente puede ayudarte a tomar mejores decisiones porque la ira puede hacer que te centres en lo que es importante, y pasar por alto cosas que son irrelevantes para tomar una decisión.
A la larga, ya veces incluso a corto plazo, sin embargo, esta respuesta automática a la ira puede debilitar tu sistema inmune y conducir a una variedad de problemas de salud tales como:
Dolores de cabeza
Problemas con la digestión
Insomnio
Aumento de la ansiedad
Depresión
Presión arterial alta
Problemas de la piel, como eczema
Ataque al corazón
No sólo eso, sino que la ira puede llevar a otras emociones negativas como la amargura, desesperanza, inutilidad y tristeza general. Es lógico, porque si te aferras a la ira durante periodos largos de tiempo, todas las respuestas fisiológicas mencionadas arriba (como la suspensión de los procesos digestivos) hacen que tu vida se torne muy difícil en realidad.
No se siente bien estar enojado, y esto es un indicio de que esta emoción puede dañar tu cuerpo en un nivel físico. Esto es especialmente verdad si hablamos de tu corazón, y un estudio de la Universidad Estatal de Washington encontró que las personas mayores de 50 años que expresan su enojo atacando con palabras e insultos a otras personas son más propensas a tener depósitos de calcio en sus arterias coronarias – una indicación de que estás en un alto riesgo de un ataque al corazón – que otras personas del mismo grupo de edad que se controlan.
Dejar que tu enojo crezca de manera explosiva puede ser perjudicial porque provoca fuertes incrementos de las hormonas del estrés y esto a su vez lesiona el revestimiento de los vasos sanguíneos. Sin embargo, aguantarse la ira en silencio no es la respuesta tampoco, porque hacer esto se ha relacionado con aumentos de la presión arterial y frecuencia cardíaca. Un nuevo estudio encontró, incluso, que la supresión de la ira puede triplicar el riesgo de sufrir un ataque al corazón.
Puesto que es un hecho que vas a experimentar la ira de vez en cuando, es muy importante para tu salud que tengas una sana forma de liberación de tus corajes. No debes de atacar a otros violentamente, pero tampoco debes de mantener la ira reprimida dentro de ti. Ambos extremos son malos para tu salud. Resulta que la mejor solución se encuentra en algún punto intermedio.
He desarrollado un método que funciona muy bien para el manejo eficiente y saludable del coraje y de la ira. No es nada complicado, pero es muy eficaz, y consta de tres pasos:
Primer paso. Cuando suceda algo que te provoque mucho coraje e ira, en lugar de explotar y agredir a los demás, dirígete a algún lugar de tu casa u oficina en el que previamente debes de tener disponible un par de mancuernas para hacer ejercicio, de un peso mediano. Haz varias series para brazo, por ejemplo. No importa si las usas para brazo, espalda, hombros o pecho, lo importante es que este tipo de ejercicio ocasiona una disipación de las hormonas del estrés, principalmente el cortisol. Este paso puede durar hasta 10 minutos.
Segundo paso. Inmediatamente después de terminar con las mancuernas, inicia con una rutina corta de ejercicios derepiración, de al menos 5 minutos de duración.El ejercicio del primer paso (con mancuernas) hace que se “queme” el cortisol, y este tipo de ejercicios (repiratorios) hace que se calme tu sistema nervioso y que tu nivel emocional mejore.
Tercer paso (opcional).Para finalizar, te recomiendo que escuches alguna pieza musical que previamente debas de tener para estos casos, y que te produzca algún efecto de calma o de gozo.
Espero que estos tres pasos para un manejo sano de la ira te sean de utilidad, y ademas, hay que recordar que existe un poder verdadero en la oración y la meditación… practica ambas con constancia, te aseguro que te serán de mucha ayuda cuando los necesites.
Sabel Todd
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