
PARASHÁT 21 KI TISÁH/CUANDO TOMES “
20 DEL MES DUODÉCIMO DE 5770/6 DEL MES DE MARZO DEL 2010
Lectura de la Torá: Shemót/Nombres/”Ex.” 30:11-34:35
Lectura de la Haftaráh/Profetas: 1ª R. 7:40-50
En esta parashá/porción, se da el caso de la construcción del becerro de oro por parte del Pueblo de Israel, en la ausencia de Moshéh, cuando recientemente éste estaba recibiendo instrucciones para construir el Mishkán/Tabernáculo para Elohím. Ambos, el Mishkán y el becerro de oro, el ídolo, tienen un simbolismo extraordinario, que no debemos pasar por alto y de los cuales, al contrario, debemos meditar y sacar las conclusiones correctas.
¿Qué representa el Mishkán? Es nuestra búsqueda de Elohím. Es la construcción INTERIOR de un RECEPTÁCULO apropiado para—en nuestro caso—Yeshúah que venga a vivir y a manejarnos desde adentro nuestro. Es un vaciarnos, como dijimos en nuestra parashá/porcíon pasada, de nuestro ego, de nuestro yo, para dejar lugar para la presencia de Yeshúah y la dirección de Yeshúah a través del Rúaj ha Kódesh/E.S.Es la construcción de nuestra santidad/kedusháh interior y por ende, un refugio para nuestra libertad DE ha satán y EN Elohím. Esta libertad de ha satán nos liberta de todo lo anterior, de nuestra personalidad mundana, anterior, de nuestros valores y comportamiento errado y nos hace entrar, lentamente, en el mundo, en el receptáculo (que es el Mishkán mismo) que contiene todos los valores, conceptos, personalidad adecuadas—de acuerdo a Elohím y no a nosotros ni al mundo.
Entonces, ¿qué significado espiritual y mental tiene el becerro de oro? El becerro es exactamente lo contrario del Mishkán: mientras que aquél es un RECEPTÁCULO INTERIOR para preparar la Presencia INTERIOR e invisible de Elohím, el becerro es una PROYECCIÓN de nuestro yo al EXTERIOR, al mundo visible, en nuestro máximo esplendor, en forma de oro, el metal más precioso para el hombre del mundo: es el yo exhibiéndose a sí mismo en su máxima potencia. El becerro es un grito: “NO NECESITAMOS A NINGÚN ELOHÍM! YO SOY AHORA DIOS Y CONMIGO ESTÁN A SALVO!” El becerro es una exteriorización visual, controladora, de nuestro ego que quiere expanderse, controlarlo todo y hacer su propia voluntad, exactamente al revés del Mishkán, que es un receptáculo pasivo y auto-nulificado para albergar a Elohím y hacer Su voluntad y no la nuestra.
Esa es la esencia de los ídolos: son una exteriorización de los deseos de la gente religiosa y/o que usa la religión para sus propios fines, y que no desea someterse a la voluntad de Elohím, sino CONSEGUIR HACER SU voluntad y no la de nadie, menos que menos la de Elohím. Esto se consigue por medio del poder de los espíritus malignos que se esconden detrás de los ídolos, los “santos” y los “dioses”. Ninguno de nuestros lectores están (en su propia opinión), siguiendo a ídolos. Sin embargo, si NO están haciendo la Voluntad de Elohím sino la suya propia, están construyendo su propio becerro de oro, que es, como ya dijimos, la exteriorización de su propio ego, de su propia voluntad, como dice Rom. 8:14: “Porque son hijos de Elohím los que son liderados por Elohím”.
En contraposición, esta es, la esencia del Mishkán: es la interiorización de la Voluntad de Elohím, concretizada en Yeshúah (“He venido a hacer la voluntad de Mi Padre”) y no la voluntad del hombre, de nuestro yo y por medio de Su Poder, ordenar el mundo de acuerdo a Su Plan y no al nuestro.
CÓMO CONSTRUIR EL MISHKÁN QUE ELOHÍM DESEA
Como hemos visto, la vida del hombre es una lucha continua entre conseguir llegar a conocer y decir “Sí” al verdadero Elohím y decir “No” a los millones de “dioses” existentes; y en una segunda etapa, después de esto, construir lentamente el Mishkán interior, para que Yeshúah nos dirija desde allí hacia nuestro destino prefijado.
Cuando nos damos cuenta que el Mishkán tenía tres habitaciones, así como el Templo del rey Shlómo, allí comenzamos a vislumbrar la verdad: El Mishkán interior es nuestra personalidad, hecha de “espíritu, alma/mente y cuerpo” como dice 1ª Ts. 5:23. Ahora bien, ¿qué es la personalidad?
PERSONALIDAD: Podemos definirla de la siguiente manera: “Una matriz organizada en un estilo de vida, compuesto de ideas, ideologías, sistemas de valores costumbres culturales y sociales, idioma, vocabulario, religión, rituales (religiosos), moral, ética, valores espirituales (como la confianza/emunáh, la ahaváh/amor espiritual, las matanót/regalos/”dones” espirituales de 1ª Cor. 12:8-10) incorporados o rechazados y distintos valores de verdad/engaño en cada uno de estos factores, que se originan tanto en nuestra herencia como en lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida y que se transforman en pautas de (1) pensamiento, (2) habla y (3) conducta tanto externalizadas como internalizadas (no vistas, ni de las cuales se habla para nada, que es lo que Freud llamó “das unbewust”—“el inconsciente”).
“Esta matriz está constantemente en un cambio continuo, en un proceso de movimiento y crecimiento, a medida que nuevas ideas, valores y costumbres (negativos o positivos) son descartados o incorporados a nuestra personalidad por el uso de nuestra voluntad o por la influencia de factores mentales, sociales o espirituales (ya sea de parte de Elohím o de ha satán).
“Esta personalidad tiene un destino prefijado por Elohím, al que nosotros podemos (1) acceder y ayudar a cumplir, o (2) rechazar y ayudar a que nos alejemos cada vez más de lo que Elohím tenía para nosotros destinado.”
La pregunta que naturalmente nos surge a continuación es: ¿Cómo construir un Mishkán, una personalidad que sea la que Elohím desea para nosotros (no para nuestro vecino ni hermano mesiánico)? Picasso, quien tenía un buen manejo de la dialéctica—aparte del pincel--dijo: “Para crear hay que destruir primero”.
¿Qué es lo que debemos destruir? Si hemos prestado atención anteriormente, entenderemos que lo primero que hay que destruir en nosotros es todo vestigio del becerro de oro que haya en nuestra personalidad, como los judíos ortodoxos y nosotros, los judíos mesiánicos, hacemos en los días antes de Pésaj, haciendo que nuestros niños busquen pedazos de pan con levadura en la casa, símbolo en todo el Tanáj/A.T. de pecado. No perdamos de vista que el becerro debajo del oro, está construido exactamente igual que nuestra personalidad: tiene todos sus elementos, sólo que no están al servicio de Elohím, sino de sí mismo.
Hemos definido a la personalidad como “un estilo de vida, compuesto de ideas, ideologías, sistemas de valores. ¿Qué estilo de vida estamos llevando, frente al que Elohím desea? ¿Somos judíos mesiánicos en shabát, y mundanos el resto de la semana? ¿Qué ideas tenemos sobre los distintos temas que se discuten a nuestro alrededor?
¿Qué tipo de ideología tiene, o propone el Tanáj/A.T.? Este tiene ideas bien precisas y claras sobre casi todos los temas “modernos”. ¿Le hacemos caso al Tanáj/A.T. o a nuestra sociedad?
¿Qué idioma y qué vocabulario tiene el Tanáj/A.T. (que incluye el N.T.)? Hacemos algo por aprender aunque sea algunas palabras de la “lashón ha kódesh/idioma santo” y de su vocabulario, o pretextamos que “da lo mismo” el saber algunas expresiones hebreas que el no saberlas? Si somos de los últimos, ¿cómo entendemos expresiones como “ojo bueno” y “ojo maligno” que aparecen en Matitiáhu/Mateo y muchas otras expresiones hebreas que sólo en ese idioma tienen sentido? Si yo le digo: “lo espero ‘a la hora tercera’”, ¿ qué hora me estoy refiriendo? (Cómo puede usted saberlo si no se empapa de la cultura judía original de todo el Tanáj!?)
Si no entendemos la Naturaleza interna de Elohím, el hecho que está hecho de Tres Dimensiones (Mente=Yahweh; Aliento, Espíritu=Rúaj; Cuerpo=Yeshúah), cómo va a entender que es imprescindible el creer que Yeshúah sí fue nuestro “Imanu´El”=”Eohím con nosotros” y no un profeta cualquiera, como muchos judíos mesiánicos ya están creyendo?
En otras palabras, nuestro estilo de vida, nuestras ideas, valores, moral, ética, debe ser examinada continuamente por medio del Espíritu de revelación/Rúaj Guilúi (Ef. 1:17) para arribar a la Verdad de Elohím, no a su verdad ni a la mía e ir construyendo el Mishkán que Elohím desea para usted y para mí, no el que nosotros queremos para nosotros, que, a la verdad, es sólo otro becerro de oro.
¡Jésed ve Shalóm lajém!/Que tengan la Misericordia (de Elohím) y (Su) Shalóm! le desea, el Rébe Julio Dam, su familia y sinagoga mesiánica renovada
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