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"LA ÚNICA HERENCIA QUE NOS CONVIERTE EN TRIUNFADORES ETERNOS"

Imagen de Carmen

PARASHÁH No. 5 JAIÉI SÁRAH/”LA VIDA DE SARAH”

27 DEL MES OCTAVO DEL 5770/14 DEL MES  DE  NOVIEMBRE DEL 2009

Lectura de la Torá: Bereshít/En el Principio/”Gn.” 23:1-25:18

Haftaráh/Profetas: 1ª R.:1:1-31

 

Be Reshít/En el Principio/"Gn." 23:1: "Y vivió Sarah ciento veintisiete años. Así fueron los años de la vida de Sarah".


El ser humano que no conoce a Elohím, nace en un estado de total desconocimiento e impotencia de la VERDADERA realidad que lo circunda. Necesita, pero no tiene, lo que el psicólogo judío Erich Fromm llamó “la conciencia reveladora” en su libro “Del Tener al Ser”, y nosotros la hemos llamado “la conciencia liberadora, des-cubridora (del Único Elohím)”. Como consecuencia de esa inconsciencia, está inseguro, desorientado, y vive su vida a tientas, como un ciego en su total oscuridad, tratando de llegar, aunque no sabe dónde, ni si lo hará. Es entonces que recurre a los ídolos, no sólo a los de madera y piedra, sino a las ideologías, a las modas, a lo que está a su alcance: trabajo, pecados, crimen, o lo que sea que le ofrezca un poco más de seguridad o de placer, para olvidarse de la inseguridad en sus vidas.

En ese sentido, nuestras creencias son lo que determina cómo nos sentimos y cómo pensamos y actuamos. Tanto las creencias globales, como una religión o una ideología política, que en el fondo no es más que un sustituto de la primera, como nuestras creencias sobre nosotros mismos, lo que valemos y lo que podemos lograr llegar a ser, o hacer.

Una de las creencias más claves es acerca de nuestra auto-identidad, en hebreo “mihút” (“quién es él”).  Quién creemos que somos, determina nuestra vida, tanto la presente como la eterna. La certeza de lo que somos determina los límites dentro de los cuales pensamos, hablamos, y actuamos. Muchas veces, nuestra identidad es proporcionada por los demás, y aunque sea equivocada, la aceptamos como nuestra, lo cual nos puede causar innumerables problemas. Nos pueden catalogar de “perdedor”; si aceptamos esa etiqueta como que representa lo que somos, actuaremos como perdedores y terminaremos nuestra vida en prisión o en la miseria, sólo porque hemos aceptado lo que nuestro padre, madre, o maestra opinó de nosotros hace décadas. Por el contrario, si nos catalogan de “triunfador” y aceptamos esta etiqueta, aunque no tengamos todas las características necesarias para serlo, lo seremos, porque, inconscientemente, haremos todo lo que está a nuestro alcance, y más, para ser y aparecer como un “triunfador” en todo lo que hacemos.

Decimos todo esto como prefacio para entender la enorme, gigantesca bendición que hemos tenido los lectores de esta parashá/Porción para llegar a conocer, de entre los millones de Dioses existentes en el mundo, al Único Elohím verdadero, al Elohím de Israel, a quien seguimos. ¡No existe en todo el Universo una herencia mejor que ésta! ¡El ser hijo de un billonario ni siquiera se acerca en bendición al ser hijo del Único y Verdadero Elohím, y vamos a explicar el porqué!

UNA HERENCIA COMO NINGUNA OTRA

El tenerlo a Él como nuestro Elohím, significa tener Su Tanáj/A.T. y al tener Su Tanáj tenemos “el Manual de Manuales”, las mejores instrucciones habidas y por haber para hacer de nosotros un ser bendecido y no sólo nosotros, sino nuestros hijos, nietos y biznietos. ¿Por qué decimos esto? Porque, como ya lo hemos expresado en parashót/Porciones pasadas, los Mandamientos están hechos para moldearnos en seres a “Su Imagen y Semejanza”, no sólo físicamente, sino, mucho mejor que eso, espiritual y mentalmente. Los seiscientos trece mandamientos, compuestos de “Taaséh/Harás” y “Lo taaséh/No harás” nos guía hacia una IDENTIDAD BIEN DEFINIDA: la de un judío (“adorador de IHVH”) y una persona llena de bendiciones, tanto presentes como futuras, que son eternas. Estas bendiciones están todas detalladas en Su Tanáj/A.T., como dijimos en parashót/Porciones pasadas.

Esta identidad de judío (en nuestro caso, de judío por sangre y/o por fe), nos brinda la ocasión de adquirir, con los meses y los años, y a nuestros hijos y nietos, si ellos nos acompañan en esta serie de bendiciones de identidad judía, la serie de valores y creencias enfocadas en Él, pero también, simultáneamente, en nuestra familia y en nuestro compañero/reá de fe. Es a ellos a quienes Elohím nos ordena amar y bendecir, como amamos y lo bendecimos a Él.

A su vez, esta identidad y auto-identidad de judío nos da una visión del mundo que es muy diferente al que tienen los que no lo tienen a Él. La conciencia des-cubridora y reveladora que nos da el Rúaj ha Kódesh/E.S. nos permite ver y des-cubrir, día a día, secretos espirituales y mentales que nadie ve, porque no tienen la necesaria identidad previa de judío, ni sus bendiciones que acompañan a esta identidad.

Ya no estamos como el 99,99 % de la humanidad, sin saber para qué nacimos, ni qué será de nosotros, ni quiénes somos, sino que, al contrario, tenemos ya todo esto bien claro y definido, ¡o deberíamos tenerlo bien claro! Ya no somos ciegos caminando en la oscuridad del no saber para qué nacimos, ni dónde vamos, sino seres bendecidos, con la identidad y la visión que provee esta identidad, bien claras de lo que hemos venido a hacer en este mundo, pero mucho más importante, de lo que hemos venido a SER: seguidores de Elohím para toda la eternidad.

Lo más increíble de todo es que, no sólo nosotros tenemos todo esto, sino que, como hemos señalado, nuestros hijos, nietos y biznietos están ya “marcados” por Elohím para recibir las mismas bendiciones que nosotros estamos recibiendo o recibiremos. Hemos construido una dinastía de seres humanos, una familia, una civilización judía, o en nuestro caso, judía mesiánica, con la cual podemos vivir y ver el mundo desde un punto de vista totalmente diferente al del resto de la humanidad. Mientras los demás se preocupan por el mañana, nosotros, los que estamos cumpliendo los Mandamientos, no tenemos que ocuparnos más que por cumplirlos, más y mejor cada año, en vez de pre-ocuparnos por el futuro.

¿Cuáles son los componentes de una identidad? El famoso escritor norteamericano Samuel P. Huntington, en su igualmente famoso libro “Who are We?(¿Quiénes somos?), detalla, como componentes de la identidad, a nuestra cultura, la política, nuestra etnicidad, nación, asimilación (a nuestra cultura), moral y ética; nosotros agregaríamos: nuestro idioma, costumbres, modos de ver las cosas, creencias, valores, religión, y los ataques y desafíos que puedan surgir a lo largo de nuestras vidas hacia cada uno de estos elementos.

¿CUÁL ES NUESTRA IDENTIDAD?

Deberíamos hacernos una serie de preguntas, para evaluar en nosotros dónde estamos en cada una de estas áreas. ¿Nos consideramos judíos o “simpatizamos” con ellos? ¿Estamos con Israel o tenemos grandes desacuerdos con lo que hace? ¿Formamos parte de la cultura latina en un cien por ciento, o tenemos cincuenta y cincuenta de latinos y de judíos mesiánicos? ¿O tenemos muy poco de éstos últimos? ¿Cuánto hebreo sabemos o hablamos? ¿Qué importancia tiene para nuestra psiquis el hebreo? ¿Cómo vemos las noticias en la tele o en los medios respecto a lo que tiene que ver con los judíos o un judío en particular?
¿Qué sentimos hacia ellos/él? ¿Si nos preguntan cuál es nuestra religión, cuál es nuestra respuesta? ¿Qué valores consideramos (1) MUY importantes en nuestras vidas; (2) Importantes; (3) No muy importantes; (4) Irrelevantes? (¿Qué relación tienen esos valores con el
Tanaj/A,T, y Sus Mandamientos?) ¿Qué ataques o desafíos hemos sufrido a causa de algunos de estos factores mencionados arriba? ¿Qué hemos hecho para vencerlos?

Cuando pensemos y nos contestemos algunas de estas preguntas, estaremos mucho más cerca del hijo de Elohím que del simple ben Adám que nunca quizás va a conocer al Elohím que le puede cambiar su vida y sacarle todas sus dudas y preocupaciones.

¡Un shabát shalóm/Sábado de paz lleno de Su Luz le desea, el Rébe Julio Dam, su familia y sinagoga mesiánica renovada,